El sexo ya no es suficiente........

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.... y si, resulta que al satisfacer mi capricho con el chofer, despues de unos meses dejo de ser suficiente. Quizà porque yo me sentìa completamente liberada, sexy, sensual... que podia comerme al mundo. Todo el tiempo queria tener sexo, siempre estaba lista, preparada, exitada. PEro el no. Es mentira eso de que los hombres son un ente que piensa con lo que les cuelga entre las patas. Despues de un tiempo pareció dejar de importarle. Simplemente entró en una etapa de Confort, donde él, y solo él, decidió que estabamos bien y que la pasión no era para estar presente todo el tiempo. Sin embargo, le falto un pequeño detalle: mi opiniòn. Asi que Andrès ya no me satisfacía... igual que mi marido. Supongo que necesito otra presa. Si, las mujeres somos de carrera larga, aunque también es cierto que poco engañamos, pero cuando lo hacemos, lo hacemos mejor.....

Necesito un nuevo amante.

Noches de Octubre

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Lo vi, lo note tímido, nervioso, pero seguro, sabía lo quería, eso me excitaba. Sus manos era firmes, fuertes, me di cuenta que todo sería a su modo, esta vez, sería la mujer sumisa, la víctima de su cuerpo y de sus caricias, esta vez, estaba a su merced, atrapada entre sus piernas, entre su pecho y la cama, rodeada de su piel, percibiendo el aroma de su loción entre mezclado con nuestro sudor, con el olor a sexo, a lujuria, comencé a juguetear con su cuerpo, con el vello de su piel, mientras mis manos recorrían el ancho de su espalda, y baje a sus nalgas, redondas, paraditas, en ese momento sentí como su cuerpo comenzaba a vibrar, y su miembro alcanzo todo su esplendor, y ahí fue cuando el comenzó la batalla, parecía un animal salvaje, sus gemidos comenzaron a ser mas fuertes y agitados, al igual que su respiración. Empezó a dirigir la faena, el daba las ordenes y yo las seguía, era excitante sentirme poseída, como un objeto de placer carnal, el dirigía mis movimientos, mis posiciones, descubrí cosas que creí que no era capaz de hacer o decir, y peor aún, cosas por demás sucias, que le encantaban, solo lo veía retorcerse de placer gracias a mis labios, a mi lengua recorriendo desde su ombligo, que bajaba a su pelvis, y subía por todo su miembro, hasta llegar a la cima, mi lengua jugueteaba con la punta, la recorría y rodeaba, con ternura pero pasión, mis labios se apoderaron de el, mientras mi lengua hacia tantas cosas a lo todo largo y ancho, mientras el acariciaba mis brazos, mi espalda, mis nalgas, él perdió el miedo y decidió arriesgarse, tomo firmemente mis senos, los acaricio, apretó, los hizo suyos como ningún otro lo había hecho jamás, yo estaba por demás excitada, mi piel húmeda, mis piernas comenzaban a debilitarse, sentí las ansias de ser penetrada por su miembro, podría decir que era una urgencia, pero también disfrutaba tenerlo en mi boca, oírlo gemir de placer, saber que yo soy la causa, oírlo decirme que lo vuelvo loco, oírlo dándome ordenes, haciéndome todo lo que el desea, sin pedir consentimiento. En ese momento ya no podía mas, y no pensaba quedarme con las ganas, tenía que irme o venirme con él, entonces era momento de tomar mi lugar, no se como llegamos al marco de la puerta, él recargado en la puerta y yo hincada, como una puta a sus pies, dándole placer, entonces lo tome, lo recosté en la cama, no tuvo oportunidad de resistirse, repose mis senos en su pecho mientras cautelosamente me coloque encima de el, ya lo tenia listo, solo faltaba un pequeño esfuerzo suyo, embistió y me robó el aliento, un cosquilleo invadió mi piel, mis entrañas, mi respiración se aceleró, sentía que perdía el control, mientras el se comportaba como un animal, como un verdadero hombre, los dos estábamos por la misma razón, satisfacernos sexualmente, el no buscaba mi placer ni yo el suyo, eso nos convirtió en cómplices, en los mejores amantes, a él no le importaba lo que yo pensara, es más el nunca pensó con la cabeza y jamás se lo pedí, solo nos utilizamos como objetos, lo convertí en mi cena de esa noche y no pensaba dejar sobras, lo tome, lo lleve a un escritorio que estaba en un rincón de la habitación, me recosté en el y lo jale hacia mi, para poder ver su rostro mientras el me hacia suya, seguí acariciando su pechos, lo rodee con mis piernas, lo presionaba contra mi cadera, dándole indicios, el vaivén de su cadera contra la mía, sus manos acariciando mi cintura, mis piernas alrededor de sus glúteos, las pequeñas nalgadas esporádicas lo prendían cada vez mas, ahora el me tomo y sin despegarnos se sentó en una silla junto al escritorio, frente a frente, a centímetros de distancia, sus brazos rodearon mi cintura y mi espalda, me presionaba el ahora, intentaba saciar sus deseos animales y los míos en el camino, un hormigueo invadía mi piel, su cara se tornaba colorada, sus facciones se endurecieron, sentía que se avecinaba una gran explosión mutua, pero él no lo permitiría...

Continuará…

Carolina

Tres lunares

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Estaba yo en la cama, sin reconocerme, o quiza no queria hacerlo, huele a café, a rutina, a desgracia, a una farsa, o mas bien huele a una mala desición, de esas de las que te arrepientes 20 años después y ya no hay vuelta atrás, solo un nuevo comienzo a medias, a escondidas, pero ¿Quién dijo que lo prohibido es malo?, para mi ha sido tan placentero y delicioso, y creo que no solo para mi, oigo el timbre, lentamente me levanto y veo una nota en la puerta, una confesión, una complice, ¿Una amiga?

"Un cuarto a media luz.
Una copa de oporto.
El sillón de piel marrón.
Música a ojos cerrados.
Olor a tabaco... una pipa.


Te miro incansablemente. Cada bocanada de humo, un significado de dos.
La luz de una vela me acompaña y permite entre ver mi espalda semidesnuda.
El olor a tabaco y alcohol me lleva a imaginar tu mirada en la mía.

Estoy descalza y me pongo de pie.
El tabaco se extingue y bebes el último sorbo de oporto.
Me acerco. Lentamente.
Aún no abres los ojos. La música te hipnotiza.

Beso tus labios con apenas un roce.
Sin abrir los ojos, tomas mis caderas y me jalas hacia ti.
Me sientas en tu regazo. De frente.
Quitas mis anteojos y comienzas a besar mis ojos.
Poco a poco avanzas hacia mi boca en donde el beso se torna un tanto apasionado.

Me levanto sin dejar de besarte.
Tomo tu mano, camino un poco, apago la vela y seguimos caminando.

En la habitación, la cama rodeada de velas, tú y yo.
Besas mi espalda semidesnuda y te siento en cada poro de mi piel.
Me acuestas en la cama y tú haces lo mismo... es inevitable.

Acaricias mi piel con suavidad y ternura. Me abrazas. Te enredas.
Poco a poco entras en mi. Te siento. Me sientes.
Tu mirada en la mia. Tres lunares.

Un poco de tabaco, oporto y una pipa...
Anónimo"